
La verdad es que después de haberme perdido la oportunidad de ir al concierto del año pasado en Talca, esta vez no perdí tiempo ni oportunidad. En cuanto supe que volvía a tocar, invité a mi acompañante y sumamos a otro más para disfrutar de un concierto, estaba segura, sería de los mejores que he visto.
Tanta era mi esperanza de ver un excelente espectáculo que incluso pensé que los 8 mil pesos de la entrada preferencial eran muy baratas para lo que Aznar podía deparar.
Y no estaba equivocada, en absoluto. El concierto partió con media hora de retraso, cosa bastante inevitable en todo concierto, pero el hecho de estar en cómodas butacas y con calefacción la espera se hizo más soportable. Incomparable a lo que se siente esperar en un estadio.
Enseguida el espectáculo partió con fuerza, con ritmo y una exquisita delicadeza y fuerza en los instrumentos. La voz de Aznar me pareció impresionante, potente. La escenografía, como era esperable, es bastante sencilla, son 4 partes de un óleo distribuido por todo lo alto y ancho del fondo del escenario, en tela pvc, y que se iluminaban con las luces dirigidas hascia cada uno, lo que producía a veces, un efecto de ser un letrero luminoso.
Durante los temas más calmos era posible capatar las letras con mayor atención y disfrutar como si estuvieras escuchando un disco pero en tercera dimensión, como cuando tocó la exqusita "Ya no hay forma de pedir perdón", en que el escenario oscureció y una luz mortecina lo iluminó para tocar el "piano" (un teclado). Pero a pesar de ser un solo instrumento en ocasiones, cada golpe, cada sonido, cada nota y sobre todo los bajos los sentí retumbar y estremecer mi cuerpo, y eso es algo que no sé por qué asocio a algo bueno, de calidad. Será porque la música no la experimento de manera técnica ni con oído musical, sino con un profundo feeling emocional y artístico, tal y como me sucede cuando veo un cuadro o una imagen que me toca o cuando veo al tipo que me gusta, siento que me estremece, casi al punto de sentir nervios y maripositas.
Y así fue tranascurriendo todo, que aunque empezó excelente, terminó aún mejor, fue absolutamente de menos a más. Duró más de dos horas, y se me hizo cortísimo, encantada me habría quedado aún más tiempo escuchándolo.
El único detalle que me llamó la atención fue una alusión a Víctor Jara, del que conozco muy poco como artista, algunos temas solamente y hay dos que me encantan, pero no más allá, no es mi icono político ni mucho menos. Pero en un artista como Pedro Aznar hasta aplaudí su alusión porque sé que no es una burda artimaña para atraer público y sí es una sincera postura de vida y valórica. Y eso sí es respetable y valorable.
Su voz es potentísima, amplia y muy agraciada, y cuando habla es bastante más abritonada. Su carisma escénico es impresionante y su calidad interpretativa es incuestionable, al contrario, muy muy atractiva. Es una artista sin aspavientos, sin falsas poses y muy puro.
Estoy muy grata de haberlo podido escuchar en vivo. Mañana mismo voy a ir a comprar el disco en vivo, volumen dos, que grabó con David Lebón, ex compañero en Serú Girán.
Y gracias a la compañía que me acompañó, valga la redundancia, jaja.
Y nota aparte, supongo que habrá alguno en especial q e quizás encuentre muy mala la foto que coloqué, yo no la encuentro mal, al contrario, pero subiré más cuando tenga pilas, menos sueño, menos frío y algo de tiempo.
Más fotos del concierto:
http://www.facebook.com/album.php?aid=27422&l=79352&id=708164397


Yo tuve ganas de asistir, así como tambien al de Serrano.
Se están presentando muy buenos artistas en Talca. A ver que nos traeran para los proximos meses en el TRM.
Saludos :-)
-----------------
Marita Olave Carvajal.