La verdad es que de dulce, poco y nada va quedando.
Hoy me toca salir con mi madre y con mi hermano a comprar algunos regalos de Navidad. No tenía muchas ganas, pero como me lo pidieron y el regalo principal es para el bebé, no pude decir que no.
Pero eso y conversando con un amigo me hizo pensar en que estas fiestas se convierten en un ejercicio compulsivo de compras. Basta salir a la calle y ver a todos con el paquete más grande, con el rosetón más fino y el papel más elegante. Los pobres Viejos Pascueros aparecen derretidos y con su mejor sonrisa en las fotos, los niñitos hacen extensas cartas para pedir sus regalos, pero cuando veo casos como los que Correos de Chile acoge, ahí recién caigo que la Navidad es más feliz cuando la compartes a ese nivel y no con una gran paquete.
Acabo de recordar que una de las fiestas de Navidad que más feliz me hizo, ya siendo adulta, fue cuando regalé en la calle un pan de pascua a una familia que sólo cartoneaba cuando todos corrian a sus casas con los regalos o cuando vi los ojos de felicidad de una niñita de un hogar cuando le entregué su muñeca.
Pero inevitablemente me sentiré más feliz aún cuando vea la carita y los ojitos brillando de Agustín...


gracias por ser tan buena,FELIZ NAVIDAD PARA TI TAMBIEN, SALUDOS